EN DEFENSA DE UNA SANIDAD UNIVERSAL

Raquel Rodríguez Rodríguez. Coordinadora del GT Atención a la Mujer de la SoMaMFyC

No sé en qué momento decidí que quería ser médica de familia, pero recuerdo como ya en 4º de carrera lo tenía claro y lo utilicé como argumento para que me aprobaran un examen flojo sobre cirugía endocrinológica. Al profesor de esta asignatura no le sirvió que yo le asegurara que no pensaba tiroidectomizar a nadie siendo médica de familia.

Me gustaba la medicina de familia porque lo abarcaba todo, podía ir definiendo “mis especialidades” con el tiempo según viera cuales eran los campos que mas me atraían.

Por otra parte no quería tratar enfermedades sino enfermos, personas en todas sus dimensiones biopsicosociales, englobadas dentro de una familia y una sociedad, de forma integral, a lo largo de su vida y a lo largo de su enfermedad, antes de que enfermaran y después de que curaran o no, y esto, solo lo permitía la medicina de familia.

Cada día, la lista de motivos de consulta es interminable y abarca todos los campos de la medicina y del ser humano: catarros, diarreas, diabetes, úlceras corneales, esguinces de tobillo, prevención del cáncer de colon, anticoncepción, control del embarazo, ajuste del sintrom, duelo por la muerte del marido, adicción al tabaco, “me duele la espalda”, “me ha salido esto en la piel”,  “me han echado del trabajo”, “estoy cansado”.., todas y cada una de las cosas que le preocupan a nuestros pacientes  tienen una, muchas o ninguna respuesta, y tú como su médica tienes que intentar dárselas y estar ahí.

Lo que sí que siempre tuve claro es que quería trabajar en el sistema público, porque ésta, creía, era la única manera de ser coherente con mis principios de equidad y universalidad de la salud. La sanidad pública pensaba no podía hacer diferencias de atención en función de la nacionalidad, los ingresos, la edad, la orientación e identidad sexual ni la profesión del paciente, no entiende de ideas políticas ni religiosas, ante el profesional sanitario todos deberíamos  ser iguales.

Durante la carrera la realidad de la calle no entra al aula, nadie te cuenta cómo se da una baja, cuánto  tarda en recuperarse una persona después de una operación de hernia inguinal, qué le dices a alguien que ha perdido a su madre o al que se le ha caído el techo encima por una bomba y no puede dormir. Nadie te cuenta que medicamentos están financiados, ni como le explicas a un paciente que los medicamentos genéricos son igual de eficaces que los famosos o porque no quieres prescribir ese medicamento tan caro o tan poco útil que le han puesto en otro sitio, dónde la eficiencia no entra.

El médico de familia tiene que saberlo todo, y lo que es a veces más complicado, responsabilizarse de todo, firmar que una persona puede manejar productos fitosanitarios, que un anciano puede hacer gimnasia, dar fe de vida a otro para que cobre la pensión, acreditar el estado de salud para que otro haga un curso de buceo, certificar la muerte, certificar la vida, dar una baja de maternidad, justificar laa petición de una silla ergonómica, certificar que otro no puede coger peso o que otro necesita tratamiento para la artrosis en un balneario…

Y sin embargo, ¿por qué nadie nos pregunta cómo mejorar la gestión de los recursos disponibles con eficiencia?, ¿por qué se decide sin contar con nosotros el recorte en unos casos y la negación en otros del derecho a una atención universal?,  ¿por qué lo único que cuenta es la opinión y actuación dictatorial de unos criterios “administrativos” que atentan contra la declaración universal de los derechos humanos? ¿por qué nuestra voz no cuenta a la hora de aprobar leyes y decretos que interfieren en nuestro trabajo? ¿alguien lo entiende?.

Desde aquí  animamos a todos los profesionales sanitarios y no sanitarios que trabajamos en el sistema público de salud a declararnos objetores de conciencia contra la aplicación efectiva del decreto gubernamental que deja sin asistencia a los inmigrantes considerados por la administración como “irregulares”.

Para facilitar a quienes apoyéis esta propuesta os adjuntamos en un archivo un modelo para la objeción que debe dirigirse al colegio de médicos y a la dirección asistencial que corresponda.

Os animamos también, a leer el documento escrito por Luis Andrés Gimeno Feliu, médico de familia en Zaragoza y difundido desde la plataforma “No gracias”, dónde se argumenta de forma clara y concisa el porqué de nuestras reivindicaciones.

http://www.nogracias.eu/2012/04/24/objecion-de-conciencia-profesional-a-la-palicacion-efectiva-del-decreto-de-ley-inmoral-y-xenofobo-que-niega-la-atencion-sanitaria-a-los-inmigrantes-irregulares/

objeción de conciencia

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